–Al anochecer, el rubio corre desenfrenado. Lo persigue una decena de súbditos del faraón Seneferu, padre de Keops. No pretenden darle muerte, aunque eso parece temer este hábil artesano.
Esclavo por su origen, enamorado sin esperanza, hacía meses que oteaba a su amada desde un montículo de piedras mientras ella paseaba con su séquito sin verlo.
Por fin ayer, uno de los sacerdotes de ese temible imperio que es Egipto, esperó escondido entre los pasillos laberínticos de la pirámide acodada de Dahsur al joven enamorado. Allí, en absoluto secreto sellaron, no se sabe en qué términos, un convenio que haría posible que el rubio le confesara sus desvelos a esa hermosa mujer.
El sacerdote le aseguró confidencialidad y seguridad de ser correspondido. Valía la pena correr tremendo riesgo.
Pero en todos los tiempos existe la traición y a veces hasta las piedras oyen.
Caía la tarde cuando se encontraron…
–Oscar, perdoname que te interrumpa, ¿estás seguro de que había rubios en el Antiguo Egipto?
–¡Sí! Se peleaban con los de abajo. Fijate que aquí tengo el mapa. Egipto los invadía, por eso el tipo es un esclavo.
–¡Esos eran los Nubios, y era negros, no rubios! ¿Qué leíste en la Wiki?
–Bueno, está bien, lo saco a Pachi y te consigo un morocho, no hay problema. O lo podemos teñir, es más fácil.
–¿Y qué tiene que ver con nuestro producto?
–Ah, bueno, el producto va al final. Vos querías una publicidad original, con suspenso. ¡Y ahora no me dejás ni siquiera que te lea el argumento, que está buenísimo! Lo hice como si fuera una novela, porque cuando se encuentran, se dan cuenta de que …
–Oscar, también te pedí ideas que tuvieran que ver con las salchichas, entendés? ¡Salchichas, eso es lo que tenemos que vender!
–¡Ufa! Nada te gusta. Ya pienso otra cosa, pero quedaba lindo con faraones…
 

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08/03/09

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