Mamá no llores, por favor. No me pongas triste que las bodas son hermosas. Miralo a papá, que ya está vestido, qué elegante, con su traje negro y Rosarito, y hasta las mellis Pía y Pilar tienen los ramitos en sus manos. Ahora recuerdo que habíamos organizado que las damas de honor también llevaran pimpollos de rosa color té y ¡qué hermosas que están! Nosotros ya salimos, mami, ¿ustedes van con tío Carlos? Despacito, papi, manejá tranquilo, aunque yo estoy tan nerviosa que no sé por dónde vamos. Ahora que estoy entrando, por ejemplo, no escucho la música. Ay, ¿a todas las novias les pasará lo mismo, que cuando entran les tiemblan las piernas? Mami, deciles a las mellis que no dejen los ramos ahí arriba, se ajan, se desordenan, en todo caso, que los coloquen en esos floreros que están contra la pared. Claro, ¿ves? Ellas solitas se dieron cuenta y los acomodaron bien. Qué raro, mi suegra se cambió de vestido, no vino con el color champán, tampoco se puso el sombrero que elegimos juntas. Mirá, mami, ya empiezan a entrar los amigos de Juan María. Gracias, gracias…¡ufa!…cuánto besuqueo y allí están  las chicas, no las había visto…bueno, no me reciban con esas caras, che. Me voy a ir pero no es tan lejos, nos vamos a seguir viendo. ¿A qué tanta lágrima? A partir de hoy mi vida cambia, ya lo sé, vivir en el campo es distinto. Pero ustedes también en algún momento se van a casar y van a tener hijos y nuestros hijos van a jugar juntos y nosotras tomaremos el té mientras nuestros maridos cabalgan, qué sé yo, me imagino así las tardes en el campo, si es que quieren venir a visitarnos, claro. No sabía que el padre Martín iba a hablar a solas conmigo, ¿qué querrá? Sí, padre, claro, por supuesto, sí, gracias, padre. Yo no entiendo lo que dice, me tomó por sorpresa, no era esto lo que habíamos ensayado con Juan María. Debe ser que está viejito, si la casó a tía Elvira y bautizó a las mellis también. Mami, ¿qué es ese ruido? ¿Qué están haciendo esos señores? No.. No… Mami… Mami…Mami…

……

Juan María falleció el día que iba a casarse por iglesia como consecuencia de un accidente automovilístico y Matilde se presentó en la casa del sepelio con su vestido de novia. Desde ese día, en el pueblo le dicen Cusícusí, porque nunca más recuperó la cordura y se pasea por las calles repitiendo como una letanía “mami…mami” con su vestido largo, arrastrado y sucio. En su brazo, hamacándola con ternura, lleva una canastita donde guarda lo que en la parroquia le dan para comer, junto a un ramo de marchitos pimpollos color té.

 18/01/08

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